La Pedrera
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Chema Madoz. Ars combinatoria

Poeta de la imagen, Madoz se vale del soporte fotográfico para redefinir su relación con el entorno inmediato. Su obra se centra en la presencia insólita de los objetos que selecciona y dispone en escenarios íntimos, construidos por él mismo, y que fotografía en blanco y negro; consigue así extraerles un aliento poético que hace que, por corrientes y humildes que sean, se puedan abrir a nuevas y múltiples lecturas. 

En su constante trabajo con los objetos, Madoz adopta diversas modalidades: el objeto encontrado sin alterar, el objeto manipulado o aquél que él mismo inventa y construye en su taller. Siempre a vueltas con los objetos, los metamorfosea buscando sus diferentes combinaciones, sus relaciones escondidas a primera vista, y juega con las percepciones de quien observa sus imágenes indagando en las trampas de la visión.  


 

Oliva María Rubio, «Ars combinatoria» (en el catálogo de la exposición)

«Se podría decir que el arte de Chema Madoz es el arte de la combinación. Combinación de elementos, de objetos que unas veces son dispares y otras guardan un parentesco, una cercanía. De ahí el título de la exposición, un guiño al arte de la combinatoria desarrollado en los siglos XIII-XIV por el filósofo mallorquín Ramon Llull, al que muchos consideran el precursor del ordenador.

Por ello, a partir de 1990, tras una primera etapa en la que el artista trabaja con la figura humana, con la luz natural, el azar y el reportaje, el taller de Chema Madoz se ha ido poblando de objetos acumulados a lo largo de sus ya muchos años de creación. [...] Sin embargo, su taller no es solamente el espacio donde se acumulan los objetos; también es el lugar en el que, tras concebir mentalmente la idea, el artista la ordena y la construye para que pueda ser fotografiada –él ve la fotografía como un registro de la memoria que le permite fijar una idea– y dar origen a la imagen final, a la obra. [...] Chema Madoz trata de hacer cambios sutiles en las cosas, añadiendo y restando, a fin de crear esa extrañeza que sentimos ante sus fotografías. Extrañeza y familiaridad son dos características de su trabajo. Extrañeza porque sus obras, en un primer vistazo, nos chocan y sorprenden –los títulos no existen, no nos dan ninguna pista a la hora de interpretarlas– y familiaridad porque reconocemos al momento sus guiños y, al descubrirlos, una sonrisa ilumina nuestra mirada. Enseguida nos reconciliamos con su visión. Nos sentimos cómplices, partícipes de un descubrimiento común, pues si bien el artista es el primero en desvelarnos esa nueva relación, significado, semejanza, también nos invita a hacer ese descubrimiento por nosotros mismos. Madoz quiere hacernos cómplices de sus hallazgos, de ahí que se niegue a orientar nuestra mirada titulando sus obras con descripciones que pudieran coartar nuestra percepción y, en definitiva, a imponernos sus ideas.»

La Casa Milà, conocida popularmente como «La Pedrera», es un edificio singular construido entre 1906 y 1912 por el arquitecto Antoni Gaudí (1852-1926) y declarado Patrimonio Mundial de la Unesco el año 1984. Actualmente el edificio es la sede de la Fundació Catalunya-La Pedrera y aloja un importante centro cultural de capital importancia en la ciudad por el conjunto de actividades que organiza y por los diferentes espacios museísticos y de uso público que incluye.      

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